Carlos Crespo, nacido en 1973 de descendencia española, es fotógrafo autónomo e internacionalmente activo. Su obra artística se impulsa por una profunda pasión por la fotografía y la música. Composición tiene para Crespo tanto musical- como visualmente el mismo significado: Cada una de sus obras fotográficas proporciona su propia melodía, que magnetiza al espectador, invitándole a pararse, a pensar y dejarse inspirar.

No nos soprende que la vida de Carlos Crespo se parezca a un collage de sonidos, colores y formas. Ya durante su formación como fotógrafo profesional, que inicialmente la empezó para su posterior entrada en el mundo de la película, se formó en solfeo con el piano como instrumento principal. Aún habiendo acabado su formación con la mejor nota del año, para entonces también encontró finalmente cumplimiento en la fotografía, se sintió más atraído por la música y así pues siguió formándose autodidacticamente durante dos años en la armonía según la teoría de Arnold Schönberg y orquestación según la teoría de Nikolaj Rimsky- Korsakov.

Sintiéndose plenamente tironeado entre la música y las artes visuales se decidió por el momento seguir la vía de la música. Durante cuatro años Crespo volvió a su país natal para componer varias piezas orquestales. Este periodo de su vida influenció de gran manera su forma de ser y no menos su arte visual. De vuelta en Suiza buscó nuevos desafíos y retomó su obra fotográfica mientras que al mismo tiempo y durante cuatros años ejerció la labor como agente de orquestas. Carlos Crespo es ahora únicamente fotógrafo autónomo.

En sus obras fotográficas Crespo persigue incasablemente el intento de capturar el reflejo del momento de una manera más auténtica posible. Especialmente sus paisajes demuestran esa intención y talento del artista, de capturar más de lo que a primera vista parece visible. Logra visualizar la inconscientemente percibible fuerza de la naturaleza.

Ya hace mucho tiempo que, probablemente desde su instancia en España, Crespo se ha desprendido de las dogmas académicas de la fotografía persigiuendo durante su proceso creador una harmonía muy equilibrada. Sus obras eliminan la frontera entre la percepción cognitiva y la percepción inconsciente. No sorprende que Crespo domine todas las técnicas de la fotografía y haya elaborado incluso sus propios procesos que a lo largo de los años le han llevado a la espresividad tan singular que ahora tiene.

Su obra es el resultado de un arte meticulosamente perfeccionado, que siempre lo aplica individualmente y le sirve únicamente como herra-mienta de su intención creadora. De esta manera, su obra adquiere tanto contextualmente como a nivel técnico una durabilidad ilimitada.

Pius Müller, Curador